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BROTE DE LEPRA



"Decir que estos hombres pagaron sus chelines para mirar a veintidós mercenarios dar una patada a una pelota es decir simplemente que un violín es madera y cuerda, o que Hamlet es papel y tinta." 
                                                               J.B. Priestley [1], The Good Companions, 1928.

Por Tomas Fonseca - @tomfonseca
LA COLUMNA

Independiente Rivadavia de Mendoza regresó al Nacional B en el 2007. Gracias a la generosa billetera de su presidente Daniel Vila, empresario de multimedios, aquello que signó la estadía de la “Lepra” mendocina en la segunda categoría de nuestro fútbol fue la contratación de figuras de renombre, imposibles para cualquier otro presupuesto de la divisional.

A pesar de incorporar jugadores de trayectoria y de realizar pases que sacudían estrepitosamente el mercado (el caso emblemático fue la llegada de Ariel Ortega), el andar deportivo del club nunca refrendó las expectativas que se generaban al inicio de cada temporada. Lejos de pelear por un título o aspirar por un ascenso a Primera División, la constante fueron torneos mediocres e incluso la lucha por mantener la categoría. Independiente Rivadavia, teniendo presupuestos onerosos año tras año, jugadores estrellas y un club que estructuralmente no tenía nada que envidiarles a los equipos grandes del país, solamente supo realizar campañas regulares e incluso ha coqueteado con la caída al Torneo Argentino A.

Luego del certamen 2010/2011 la “Lepra” tuvo que defender su plaza en el Nacional B jugando la Promoción contra Defensores de Belgrano, club que llegaba desde la B Metropolitana. Para el campeonato siguiente, el 2011/2012, las ilusiones se renovaron una vez más, pero lejos de cambiar el rumbo, los problemas fueron en aumento. El cambio de directores técnicos fue vertiginoso y hasta se podría decir que poco serio. Cinco entrenadores a lo largo de la temporada, hicieron del conjunto “leproso” el paradigma de dos ismos que tan mal le hacen a nuestro querido fútbol argentino: resultadismo y cortoplacismo.

Una semana antes de comenzar el torneo, Jorge Ghiso, entrenador que había realizado la pretemporada, se alejó de la conducción del equipo. Llegó Hrabina, pero tan sólo estuvo 19 días al frente del plantel. Dillon asumió la responsabilidad interinamente y tras algunas jornadas, cedió su puesto a Gustavo Zapata. Los resultados no lo acompañaron y finalmente Claudio Del Bosco agarró el “fierro caliente”. Hizo un aceptable torneo y salvó a Independiente Rivadavia del descenso.

Para la temporada que esta en curso, parecería ser que Vila decidió tomar decisiones menos apresuradas y más pensadas. Se le garantizó la continuidad en su puesto a Del Bosco desde el cierre del torneo anterior y se planificó el arribo de jugadores según el gusto y la necesidad del técnico, que se acoplarían a una base ya armada. La conservación de la estructura de equipo es algo que prácticamente había brillado por su ausencia de un año al otro. Llegaron jugadores reconocidos y con mucho rodaje, puesto que el presupuesto sigue siendo alto, pero se buscó utilizarlo con el mayor criterio posible, priorizando lo deportivo por sobre el “ruido” (y las pocas nueces). Por citar algunos nombres, se quedaron del campeonato pasado y son habituales participantes del actual equipo: el arquero Josué Ayala, el volante central Marcos Brítez Ojeda y los delanteros Diego Caballero y Martín Gómez. A estos se le les sumaron el goleador Víctor Píriz Álvez, los defensores Walter García, Ariel Agüero y Renzo Vera, el mediocampista Sebastián Longo y el enganche Lucas Nanía, entre otros.

Con un plantel amplio y versátil, Bosco posee varias alternativas para plantar en cancha, situación que le da una ventaja por sobre otras instituciones y que le permite variar según el partido y las circunstancias. En algunos partidos ha jugado con una línea de tres en la defensa y tres delanteros desde el arranque. En otros cotejos ha formado con un 4-4-2 bien cerrado y definido, pero también ha sabido jugar con un enganche tradicional.

Tras ocho fechas disputadas, Independiente Rivadavia de Mendoza es junto a Gimnasia de La Plata, uno de los dos invictos que tiene la B Nacional. También con el “Lobo” platense comparten el primer lugar en la tabla de posiciones, ambos con 16 puntos, producto de 4 victorias y 4 empates. Si bien el principal objetivo reside en acumular puntos para nuevamente no penar con el promedio, la continuidad del entrenador, la posibilidad de trabajar con mayor tranquilidad y de formar el plantel según sus lineamientos futbolísticos, invitan a pensar que este año el “Azul” aspirará al menos a disputarle de igual a igual a cualquier equipo en la zona de puestos de ascenso.

La Lepra es uno de los invictos del torneo.

El brote de un proyecto sostenido en el tiempo parecería haber visto la luz finalmente en tierras mendocinas. Si bien en este momento los resultados ayudan y le dan el sustento necesario a Bosco para seguir trabajando, el interrogante emergerá cuando suceda el bajón lógico que tarde o temprano todos los equipos tienen en el transcurso del torneo. ¿Logrará el entrenador pasar ese momento y el enojo circunstancial de Vila y seguir adelante con su plan futbolístico o todo lo construido hasta ahora volará por los aires y nuevamente los impulsos exitistas dominarán la escena?






[1] Escritor y activista politico britanico.

Tomas Fonseca
Estudiante de Comunicación UBA
Jugador de Cipoletti de Rio Negro

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