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DAVIDES CONTRA GOLIATS



El equipo de Claypole festeja la hazaña tras dejar afuera a Atlanta. (Foto: Vanesa Crisostomo / CopaArgentina.Org)

Por Tomas Fonseca

“Éxito y felicidad no funcionan como sinónimos: hay gente exitosa que no es feliz y hay gente feliz que no necesita del éxito para serlo.” – Marcelo Bielsa

Que el fútbol se ha emparejado, no es un concepto nuevo e innovador. Hace un tiempo prolongado que esta noción ha sido puesta sobre la mesa de prácticamente cualquier debate futbolero.

Esta idea que circula en el imaginario colectivo futbolístico día a día, se ve refrendada por el fútbol argentino con el acontecer que se brinda en sus diversos verdes (y a veces no tan verdes) céspedes. En esta oportunidad, la corroboración se dio en el marco de la Tercera Ronda de la Zona Metropolitana de la Copa Argentina en lo referente a los equipos de Primera “D” y Primera “C”. En la edición del año pasado hubo destacados batacazos. Fueron paradigmáticos los casos del Deportivo Riestra, el club de la divisional más baja (Primera D) en llegar a la mayor instancia superior (32vos. de final), y el de Excursionistas (Primera C), que estuvo a punto de eliminar a Olimpo de Bahía Blanca (Primera División), cayendo derrotado en la serie de penales en los 16vos. de final. La nueva temporada de la Copa no pretende ser menos que su antecesora en cuanto a emociones e historias, y los golpes deportivos de resonancia no brillaron por su ausencia.

Haciendo las veces de “davides” contra “goliats”, con el valor agregado de hacerlo como visitantes, los clubes de la cuarta y quinta categoría del fútbol directamente afiliado a AFA han conseguido importantes logros contra los cuadros de la Primera B Metropolitana en lo que es el duro sendero rumbo a la gloria. La jornada eliminatoria nos dejo a Riestra (D) eliminando a Colegiales, El Porvenir (C) venciendo a Villa San Carlos, Claypole tachando a Atlanta, L.N. Alem (D) cargándose a Los Andes (BM), Liniers ganándole a Comunicaciones y Midland (C) derrotando a Barracas Central. Todos pisaron fuerte y en rodeo ajeno.

Más allá de que la paridad se erige como uno de los principales vectores del fútbol actual, nunca dejan de sorprender gratamente este tipo de triunfos, concebibles al nivel de hazaña si consideramos la historia de los clubes de las divisiones inferiores.

El ascenso argentino viene elevando su competividad año tras año. Cada vez son más los jugadores de categorías menores que se abren paso en divisiones superiores, incluso en Primera o en el exterior, y la Copa Argentina 2012/13 es una excelente muestra de las equivalencias deportivas imperantes. Es verdad que existe una diferencia (real) a nivel presupuestario e infraestructural, pero en el mano a mano, y cuando el árbitro pita el inicio del encuentro, se produce un borramiento asombroso (y saludable) de la distancia.

El triunfo de los más débiles en este tipo de campeonatos y partidos siempre nos sacan una sonrisa a los que somos enamorados y románticos de la redonda. A los soñadores despiertos con botines puestos, estas pequeñas gestas heróicas con tintes amateurs, nos trasladan y nos evocan a aquel fútbol donde los partidos terminaban al grito de “gol gana”.

Tomas Fonseca
Estudiante de Comunicación UBA
Jugador de Cipoletti

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