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EN EUROPA NO SE CONSIGUEN; LA ESTIRPE DEL DIEZ









Por @EzeKilmot

“Ahora los futbolistas son atletas”. “El que no marca no puede jugar en el fútbol de hoy”. “Los enganches ya no existen más, murieron a manos del doble 5”. ¿Cuántas veces escuchamos o dijimos alguna de estas frases en una sobremesa o una charla de café ?. ¿Cuántas veces fueron técnicos o periodistas quienes lo afirmaron?. Desde hace por lo menos una década que la extinción de los enganches es tema habitual en el mundo futbolero. Que ya no “salen”, que no tienen espacios, que no ayudan a recuperar la pelota, que se pierden en la dinámica del juego, etc, etc. Y sin embargo en Sudamérica -a diferencia de Europa- todavía seguimos buscando y apostando a esos talentosos generadores de juego, players de “buen pie” que pueden diferenciarse del resto gracias a su capacidad para entender el juego y su exquisita técnica para dominar el balón y habilitar a los compañeros. 

Por suerte Argentina es una cantera inagotable de esta especie que lucha por sobrevivir en el fútbol moderno. Dejando de lado a Maradona y a Messi, enfocándonos sólo en los “terrenales”, podríamos nombrar decenas de ellos. Desde Bochini y Alonso, pasando por tata Martino, Rubén Capria, Márcico y muñeco Gallardo; hasta los más actuales como Aimar, D’Alessandro y Riquelme; y las nuevas gemas, Leandro Paredes, Alan Ruiz y Manuel Lanzini.

Pero las suaves alfombras verdes de nuestra máxima categoría no son propietarias exclusivas de los enganches. Aunque es bien cierto que allí pueden desempeñarse con más comodidades, en nuestro querido fútbol de ascenso también hay espacio (no mucho, literalmente) para los organizadores de juego. Así es como lejos de los títulos de los grandes medios de prensa, en canchas que generalmente no están en óptimas condiciones, y cercados por la abundancia de juego brusco, unos cuantos valientes estrategas buscan la gloria enfundando la número 10.

Y para hacer honor a esa simbólica camiseta elegí diez enlaces que prestigian nuestras categorías menores. Empecemos por los más conocidos: Christian Gómez y Mariano Messera. “Gomito” es tal vez el enganche más representativo del ascenso en la actualidad. Cerebral y técnicamente impecable, multiplicó su idolatría en Mataderos cuando decidió volver de los Estados Unidos para cerrar su carrera en Nueva Chicago. A pesar de encontrarse cerca de los 40, mostró su calidad y su vigencia en el torneo de la B Metro hasta el punto de regalarle al torito un nuevo regreso al Nacional. Messera, luego de una extensa trayectoria en Argentina y el exterior, debutó el año pasado en Deportivo Morón, un grande de la tercera categoría siempre obligado a subir. Su entrenador Salvador Daniele lo trajo para que sea la manija del gallo. Arrancó con algunas lesiones pero fue tomándole el ritmo a la división con el correr del semestre. Este 2013 lo arrancó de gran forma en el triunfo de su equipo frente a Berazategui por 5 a 1, válido por la Copa Argentina.

Otro enlace experimentado es Alejandro Orsi. Recientemente incorporado a Deportivo Merlo, volverá a ser dirigido por Néstor Ferraresi, que lo tuvo en Colegiales en la temporada 2008/2009. Orsi posee una diestra muy precisa y también mucha movilidad para el puesto, fundamental para encontrar espacios a espaldas de los volantes y lejos de los zagueros. Puede ser desequilibrante en el mano a mano y tiene facilidad para jugar por los costados, algo que cada vez le piden más a los talentosos. Necesita que su entrenador lo haga sentir importante para desplegar su mejor fútbol.

Un jugador que me impresionó mucho la temporada pasada cuando lo enfrenté en Temperley es Ignacio Martín Fernández. Hoy nuevamente en Gimnasia y Esgrima de La Plata, su club de origen, este flaco de 1,82 mts es rápido de pies y cabeza, de esos que encaran para adelante. Ya cuenta con un partido en Primera División y en la actualidad es un alternativa para el equipo de Pedro Troglio, que también suele ubicarlo en las bandas. Cuando tiene la pelota en su poder cerca del arco rival preocupa a cualquier defensa. Otro que tiene experiencia en la “A” es Juan Olivares, hoy casi un emblema de Platense. Este campeonato es dirigido por Marcelo Espina, ex enganche. A pesar de abandonar la función de “10” clásico, se lo nota muy cómodo en su rol de generador del fútbol calamar. Parte de los costados hacia el centro del campo, y es capaz tanto de desbordar como de habilitar con un pase quirúrgico a los delanteros.

Si hablamos de aquellos que tienen la estampa de los antiguos organizadores, hay que mencionar a Nicolás De Bruno, de Central Córdoba de Rosario. Con pasado en Primera y también en el extranjero, De Bruno supo imponer su juego en las difíciles canchas de la C. Elegante, preciso y muy peligroso, encontró en el charrúa un equipo que juega en su misma sintonía: pelota al piso y la premisa de jugarla siempre “redonda” y no revolearla salvo que no quede otra. Junto a Marcos Figueroa y Juan Lescano en 2012 conformaron un trío ofensivo de lo mejor del fútbol argentino.

Los hinchas funebreros se enojarían con razón si en esta lista dejo afuera a Matías Pisano, la última joya de Chaca. Este hábil y diminuto mediocampista ofensivo, es clave en el equipo del Tano Pasini, uno de los animadores de la B Metro. El año pasado en la Isla Maciel tuvimos especial atención en evitar su desequilibrio por el sector derecho, y para eso pusimos constantemente dos jugadores cerca suyo cuando recibía la pelota.

Uno de mis favoritos es Raúl Pérez, de Villa Dálmine. A Dudy se le nota el potrero en cada pase, en cada pisada. Es de esos talentosos que saben jugar de espaldas al arco rival y a un toque. Es capaz de asistir y rematar al arco con pelota detenida o en movimiento. No gasta energías marcando, su función es otra. Puede lograr que los plateístas se rompan las manos aplaudiendo una genialidad, o que entren en cólera por su parsimonia. El ex Talleres de RE siempre justifica el valor de la entrada porque entiende el juego como ninguno.

Para el final dejé dos bajitos con menos prensa, pero muy destacados para los que conocen el ascenso: Abel Flegenal y Javier Monzón. Flegenal jugó en Primera D con la camiseta de Deportivo Paraguayo, pasó por un grande del ascenso como Almirante Brown, y se convirtió en ídolo vistiendo los colores de Lamadrid. Con el conjunto carcelero fue campeón en la temporada 2010/2011. Hoy defiende los colores del CADU de Zárate. Típico enlace aunque puede jugar de media punta, maneja todas las pelotas paradas porque la pegada es una de sus mayores virtudes. Además es muy rápido para resolver con claridad en poco tiempo. El burro Monzón juega (y sobre todo “hace jugar”) en UAI Urquiza. Llegó al club con 23 años, luego de un variado camino que incluyó una temporada en Deportivo Coreanos (Torneo Argentino C). En el equipo de Villa Lynch parece haber encontrado su lugar. El año pasado ganó el premio Alumni como mejor jugador de su categoría. Es sencillamente un fuera de serie. Muy preciso y de técnica exquisita. Especialista a la hora de asistir a los delanteros con pases entre líneas, los deja de cara al gol con enorme facilidad. Sabe buscar los espacios para recibir libre, juega a un toque para evitar el roce y la pide siempre. Al igual que De Bruno, juega en un equipo donde el balón circula constantemente por el piso, lo que por supuesto facilita su juego. Él es el eje de los movimientos ofensivos, hace la pausa y distribuye. Un jugador a seguir de cerca.

Aunque cada vez se corra más, aunque los espacios desaparezcan y las canchas “se achiquen”, los enganches siempre van a encontrar su lugar por la sencilla razón de que al fútbol se juega con una pelota, y el que mejor la maneja es el que hace la diferencia. Ellos tienen la llave para abrir los partidos, por eso nunca pueden estar afuera. En Europa ya no se consiguen, por suerte en el ascenso sí.

Ezequiel Kilmot
Periodista
Jugador de San Telmo

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