WHAT'S NEW?
Loading...

EL PELÉ DEL ASCENSO

En el medio de la imagen podemos ver a El "Turco" Pontelli, el Pelé del ascenso.





Por @EzeKilmot

Cuando empecé a trabajar en esta página me dijeron, escribí lo que quieras, pero que sea del ascenso. Se me ocurrieron muchos temas para analizar pero, más que nada, el desafío desde el comienzo fue poder reflejar la esencia, las características distintivas del fútbol del ascenso. Ese “valor agregado“ podría estar, pienso, en las canchas con poco césped donde la pelota pica y levanta tierra, o en los estadios de difícil acceso, con hinchas que miran el partido agarrados del alambrado porque prácticamente no hay tribunas. También en los equipos que viajan a jugar en colectivo escolar porque no hay presupuesto para el Chevallier de doble piso, y, por qué no, en los grandes jugadores que dejaron su huella y se transformaron en ídolos indiscutidos de tribunas no tan populares como la de Boca, River o Independiente.

Trinche Karlovich, Polaco Dellamarchesina, Buffalo Scesurack, Pablo Cameroni, “Colo” Piersanti, Garrafa Sánchez… podríamos hacer una lista interminable de futbolistas que brillaron y le dieron grandeza al ascenso. Entre todos ellos seguro estaría el nombre de una gloria "santelmista" como es Gustavo Pontelli. El turco representa al típico distinto de nuestro ascenso. Talentoso, hábil, de técnica magistral, pero a la vez con una carrera marcada por el poco cuidado personal y la falta de apego a los entrenamientos. Pontelli fue uno de esos genios de la pelota que si hubiesen sido un poco más profesionales, habrían llegado a Primera tranquilamente.

Pero "el turco" jugador fue así. Y en San Telmo así lo amaron. Sus lujos, sus asistencias y sus goles increíbles lo convirtieron en el último gran ídolo candombero. Cuando colgó los botines (su última temporada fue la 2004-2005 con la camiseta de J.J. Urquiza, club en el que arrancó su carrera y al que volvió para retirarse), la hinchada candombera le organizó un partido homenaje. Aún hoy en el Osvaldo Baletto (la histórica cancha de Telmo, ubicada en la Isla Maciel) pueden verse camisetas con la leyenda la despedida del turco.

Pontelli usó por primera vez la azul-celeste a los 15 años de edad. Aunque estaba fichado en Chacarita, Armando cacho Alejo, técnico de la cuarta división, lo traía para que jugara con un documento trucho. De aquella época quedó una anécdota imperdible que él mismo cuenta: "Yo no iba a entrenar porque estaba fichado en Chacarita, sólo me llevaban a los partidos, eso generó bronca en mis compañeros. Un día, al llegar al vestuario me entero de que hablaron con el entrenador y le exigieron que me sacara porque si no ellos no se presentaban a jugar. 'Si quieren que juegue el turco fíchenlo y que venga a entrenar', le dijeron al técnico. Pero “cacho” me quería poner a toda costa, y trató de convencerlos. Tanto insistió que logró que aceptaran que fuera al banco de suplentes. Cuando terminó el primer tiempo perdíamos 2 a 0 y entonces los pibes le dijeron que me ponga. Al final ganamos 4 a 3. Yo hice un gol y di dos asistencias. Cuando terminó el partido todos me felicitaban". El turco habla y ríe, con una risa contagiosa, tan particular. Parece que siempre está feliz. Se juega como se vive, ¿no?

En 1993, después de quedar libre de Vélez por una pelea con el técnico Roberto Mariani, volvió a la Isla Maciel, pero en este caso para jugar en la Primera. Ya tenía 20 años. En ese momento el ascenso era bastante distinto al actual. “La categoría y el club en esa época eran muy diferentes. La canchas eran de tierra, muy pocas tenían buen césped. No teníamos utilero, nos daban dos juegos de ropa y cada uno se la llevaba a lavar. Solamente venía a los partidos TN Deportivo”, cuenta el turco al término de un nuevo entrenamiento, en el predio de Gregorio de Laferrere donde todos los días entrena el plantel profesional de Telmo.

Al repasar su historia en el club destaca: “el mejor equipo de San Telmo que integré fue el último, el de la temporada 2000-2001, salimos segundos en el campeonato, perdimos sólo 3 partidos en 40 fechas. Lamentablemente quedamos eliminados en semifinales”. De ese año quedó en la retina de todos los hinchas su último gol. La última “obra maestra” dicen en la Isla. Fue el 17 de mayo de 2001, frente a Deportivo Morón. En el gallo jugaron, entre otros, Sebastián Peratta y Hugo Campagnaro. Al turco no le importó. A los 10 minutos del segundo tiempo recibió la pelota a la altura del círculo central, encaró y fue dejando rivales en el camino hasta llegar al área. Cuando ya no quedaba más que un defensor que salió a cruzarlo, le pegó de zurda, con tres dedos, por arriba del actual arquero de Newell´s. Un golazo. San Telmo ganó esa tarde por 2 a 0, y el técnico, Claudio Zacarías, lo sacó un rato antes del final para que la hinchada lo ovacione.

Pero no sólo a base de bonitos goles y pinceladas mágicas forjó su idolatría, también participó de grandes campañas y vueltas olímpicas. En el 94 logró el Torneo Apertura de Primera C, pero no pudo jugar la final porque estaba lesionado. Se tomaría revancha en el año 97, cuando obtuvo el ansiado ascenso a la B Metro al imponerse en el torneo reducido. En total jugó ocho temporadas en el club y es el segundo jugador en la historia de San Telmo en cantidad de partidos disputados, con 236 presencias. Su último partido en el candombero fue ante Defensores de Belgrano, el 2 de junio de 2001, en cancha de El Porvenir. Al año siguiente pasó a Tristán Suárez y luego a Excursionistas.

Estuvimos cerca de ser compañeros, pero terminamos siendo rivales. Fue en 2004, con el turco en el cierre de su carrera. Nos enfrentamos en Loma Hermosa. Él con los colores de J.J. Urquiza, yo con los de “excursio”. Terminaba el torneo y nosotros teníamos chances de ser campeones. J.J. quería bajarnos de la pelea. Promediando la segunda etapa perdíamos 2 a 1 y en mi equipo reinaba el nerviosismo. Entonces mandaron a la cancha a Pontelli, “a tenerla” para que corran los minutos. Ya no contaba con el físico de un jugador profesional (al verlo entrar me llamó la atención su panza prominente) pero hizo lo que tenía que hacer. Y muy bien. Cuando le daban la pelota la dormía debajo de la suela y era imposible sacársela. Nos turnábamos para pegarle. Al final perdimos el partido y unas fechas después el campeonato. Hace poco le pregunté si recordaba aquella tarde y me contestó: claro, ¡me acuerdo que no me entraba la camiseta!”.

Se retiró muy joven, a los 33 años. Las lesiones y el cuerpo le pasaron la factura. “Estaba cansado” me contesta cuando le pregunto los motivos. El 23 de diciembre de 2006 en cancha de Barracas Central los hinchas le hicieron un partido homenaje. Jugaron Los Amigos del Turco contra el San Telmo de ese año. Convirtió un gol, y además dio dos asistencias. Como cuando tenía 15 años.

Actualmente “el pelé blanco” -así lo apodaban de chico en su Caseros natal- trabaja en San Telmo como manager de la Primera División. Está presente en todos los partidos y en los entrenamientos (cada tanto participa de algún picado o le patea tiros libres a los arqueros). Es el nexo entre el plantel profesional, el cuerpo técnico encabezado por Ariel Paolorrosi, y los dirigentes. Y además despunta el vicio jugando en el torneo de veteranos de AFA. Me gusta mucho lo que hago, y estoy en el club que más quiero, así que estoy muy conforme”, sostiene el turco. Y agarra el bolso y se va, con su renguera a cuestas. Algunos de mis compañeros le hacen chistes desde lejos. Él se ríe como siempre, con su alegría, y su risa contagiosa.

Ezequiel Kilmot
Periodista
Jugador de San Telmo

0 comentarios :

Publicar un comentario