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Jonathan Santana: “Mi sueño era jugar en la primera de San Telmo”

Nuestro columnista Eze Kilmot posando junto a Jonathan Santana. (Foto: Ezequiel Kilmot)


Por @EzeKilmot

El Club Atlético San Telmo, fundado el 5 de marzo de 1904, es una de las instituciones más longevas de Buenos Aires. Su larga y rica historia nuclea el deporte y la vida social. Fue, desde sus comienzos, un lugar de encuentro, recreación y pertenencia para la gente del barrio. Supo tener épocas de gloria, como al ascenso a Primera División en 1976 y el recordado triunfo ante Boca por 3 a 1, y también a grandes jugadores entre sus filas, como Carlos Peucelle, Orestes Corbatta y José Yudica. Pero en toda su historia lo más importante ha sido su función social. La posibilidad que brinda a muchísima gente de relacionarse y de acercarse al deporte, en una zona de la ciudad donde no abundan los espacios verdes y en la cual año tras año resulta más difícil que los chicos puedan jugar en la calle. En ese sentido el complejo deportivo que posee el “candombero” en la calle Bolívar cumple un rol fundamental. En él miles de jóvenes practican diferentes actividades todos los días. Y ahí mismo, llevado por su padre, dio los primeros pasos uno de sus hijos predilectos: Jonathan Santana.

“Johny”, es el chico del barrio que creció en el club y “creció” tanto que llegó a jugar un Mundial. Es el pibe que pasó su infancia y adolescencia transpirando la camiseta “azul celeste”. El muchacho que fue baleado y esquivó la muerte con la fuerza y convicción de quien tiene un sueño por delante y no deja que nada ni nadie se lo arranque. Un jugador de nivel internacional que lleva “el ascenso” en su sangre.

Hace tiempo que quería entrevistarlo. Desde que llegué a San Telmo me llamó la atención su constante predisposición para colaborar con el club. De hecho en enero de este año dio una gran mano para realizar la pretemporada. Nos hospedó en su Apart de San Miguel del Monte y facilitó el restaurant y los lugares de entrenamiento. Lo vi varias veces en la cancha siguiendo al equipo y, además, no encontré “santelmista” que no hable bien de él. 

Un amigo en común, Ariel Sosa -otro ex candombero-, organizó el encuentro. Le pregunté si “Johny” accedería y enseguida me contestó que no iba a tener problemas, que sólo había que ponerse de acuerdo en la fecha. Y así fue. Después de un par de semanas Ariel me avisó por teléfono que estaba todo listo: “el lunes a la tarde pasame a buscar y vamos a su casa a tomar unos mates”. Fue exactamente lo que hice.

Llegamos al barrio de Caballito poco después de las 18 horas, Santana nos esperaba acompañado de su ex compañero y amigo, Ariel Carreño, con quien compartió plantel en Nueva Chicago. Enseguida, mates y tostadas de por medio, se armó una charla futbolera. San Telmo, Chicago, Independiente, Maradona, Pontelli, Puebla, trabajos tácticos, videos, periodismo deportivo, fueron algunos de los temas que rondaron en las casi tres horas que duró la reunión. En el medio hubo espacio para hablar mano a mano con “Jhony”.

-Si te digo “San Telmo”, ¿qué es lo primero que te viene a la cabeza?

-Toda mi infancia. Es el club donde me inicié y pude debutar en primera, que era el deseo que yo tenía. Cuando uno es chico trata de probar suerte en varios lados, yo en algunos quedé y en otros no. A los 16 años estaba jugando en la tercera división de San Telmo y me aceptaron en Ferro, pero en ese momento le dije a mi papá que mi sueño era jugar en la primera de “Telmo”, y después ver qué sucedía. Con eso te resumo lo que significa el club para mí.

-¿Cómo fue tu acercamiento al candombero?

-Arranqué de muy chico jugando en el baby fútbol, en las canchitas de la calle Bolívar, yo era del barrio. De ahí la mayoría de los chicos pasábamos a jugar en cancha de 11. El club en ése momento estaba en Primera C y en inferiores había, creo, sexta y cuarta división (las dos categorías eran un solo equipo). Ahí empecé y seguí hasta llegar a primera. 

-¿Quiénes eran los referentes del plantel cuando subiste a primera?

-Estaban el turco Pontelli, Sebastián Abeledo, Marcelo Di Lauro, Fabián Escalada, Gabriel Ferrari... el técnico era Francisco Calabrese. Ese año nos salvamos del descenso. Me acuerdo de que el partido clave fue contra Colegiales en cancha de Chacarita. Después llegó Ricardo Zielinski y con él empiezo a alternar entre primera y reserva. Y cuando asume Antonio D’Accorso subo a primera definitivamente. Logramos clasificar al torneo reducido del año ’99 y me tocó jugar las semifinales de lateral izquierdo, frente a Temperley, que tenía como delanteros a Diego Katip y a Bazán Vera.

-¿Cómo te recibieron tus compañeros?

Me recibieron bien. Lo que sucedía antes es que en los planteles había más jugadores grandes que jóvenes, y ahora pasa lo contrario. Pero en los equipos que estuve en San Telmo siempre nos apoyaron y siempre nos integraron. Nos trataban bien, aunque por supuesto estaba el que te dice: “nene andá a hacerme la ensalada”, ja. Pero nosotros éramos medio rebeldes (así también nos pegaban, jaja). Me acuerdo que Fabián Escalada y Marcelo Di Lauro te daban una ‘tunda’ -así decían ellos-, eran bravos.  En ese gran plantel estaba también Carmelo Leiva. Había muy buenos jugadores. En la historia de San Telmo creo q todos recuerdan a esos futbolistas.

“Johny” es porteño, nació en Capital Federal el 19 de octubre de 1981, pero tiene una fuerte ascendencia guaraní, ya que su mamá, su abuela y sus tías son paraguayas. De ahí la posibilidad de jugar en la selección rojiblanca en las eliminatorias y en el Mundial de Sudáfrica en 2010. En San Telmo hizo el recorrido por todas las categorías, del baby fútbol pasó a las inferiores y después saltó a Primera División, donde debutó en 1998. En total jugó 59 partidos y marcó 5 goles. Rápidamente lo compró un grupo inversor y se lo llevó a Almagro. 

-Sé que has vuelto a la Isla Maciel ahora que estás jugando de nuevo en el país, ¿notás diferente al Osvaldo Baletto?

-Sí, muy diferente. Creo que han hecho esfuerzos para mejorar las condiciones del campo de juego y las instalaciones. Es una cancha chiquita pero linda. Antes prácticamente no tenía pasto, hoy desde afuera se la ve muy diferente. Antes tenía tierra en el medio y pantanos a los costados, ¡era bravísimo! Me enteré también que han hecho un drenaje para que no se inunde más. El fútbol en sí lo fue exigiendo. Hoy hay mucha más competencia que antes. Siempre nos juntamos con los chicos de San Telmo de aquella época (Seba Abeledo, Ariel Sosa, Turco Pontelli) y hablamos de las diferencias que hay entre la B Metropolitana de aquellos años y la actual. Una de las más significativas es la económica, hoy los jugadores ganan mucha más plata.

-De tu época como jugador “candombero”, ¿hay algún partido o algún gol que recuerdes especialmente? 

Me acuerdo que una vez fuimos a jugar a la cancha de Lamadrid y desde la cárcel de Devoto (NdR: ubicada frente al estadio) un preso sacó por la ventana la camiseta de San Telmo y la colgó para alentarnos. Y recuerdo sobre todo que, gracias a Dios, hemos vivido años muy buenos. Lo más importante sin duda son los amigos que me han quedado de ésa época. 

-¿Tenés pensado retirarte con la “Azul Celeste“? ¿Te lo planteaste alguna vez?

-Yo siempre analizo y recuerdo cosas, y pienso si en algún momento me va a tocar volver a jugar en San Telmo o no. Por un montón de cosas: por el barrio, porque soy hincha… pero por el momento quiero jugar un tiempo más y después ver si se da la posibilidad de regresar. No está definido porque aún no me puse a analizar cómo será el final de mi carrera, sinceramente hoy por hoy pienso en tratar de seguir en un nivel de primera división y después veré las ganas y un montón de cosas que hay que considerar para decidir si me voy a retirar en San Telmo o no.

Jhony no es demagogo ni vende humo. Habla con sinceridad y se le nota el cariño que siente por el club y la nostalgia por aquellos años que marcaron desde su infancia hasta sus comienzos como futbolista profesional. Siempre, aún cuando jugaba en el exterior, tenía tiempo para juntarse con sus ex compañeros y compartir un asado y una charla. Eso lo describe como persona mejor que cualquier comentario.
Para el final quedó la foto y el intercambio de camisetas. Un abrazo y la invitación para reunirnos en cualquier momento. Ojalá que la charla futbolera continúe pronto.

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