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¿Qué significa?

Foto: Telam


Por Mauro Cunto

Independiente cambió. Jugó un buen partido frente al puntero del campeonato y, con vaivenes que denotaban sus virtudes y falencias, estuvo a tres minutos de robarle en su cancha los tres puntos. Pero, ¿qué se puede tomar de esto? La ambigüedad del resultado puede dejar varias sensaciones con respecto al equipo, al presente, al contexto y a lo que viene. Una incertidumbre y que podría despejarse en el partido que viene o, quién sabe, acrecentarse.

El Rojo mejoró, de eso no hay dudas. Fue una especie de haz de luz ante todas las opacas que venía teniendo. Tuvo un buen primer tiempo y le ganaba bien a Banfield a pesar del excelente juego del Taladro. Porque algo hay que recalcar: Banfield es un gran equipo que, con el balón en los pies, es lo mejor de la categoría. Y no tuvo problemas Independiente en cortar sus circuitos de juego, con un mediocampo combativo y con más aceleración que de costumbre de tres cuartos en adelante; y eso que no estuvo Pisano.

Hasta acá todo bien, pero… sigue siendo frágil. ¡Y cómo! En el segundo tiempo se desarmó y en tan solo unos minutos el local estaba empatándole el partido y parecía que todo se derrumbaba y volvería a los escombros de lo que venía siendo estas fechas. Es cierto que dadas las características del rival podían suponer tal escenario, el de la remontada. Pero. ¿tan rápido? ¿tan así como si nada? ¿Cómo si toda la tranquilidad del hincha se desmoronara en un abrir y cerrar de ojos? Y aquí es donde comienzan a desfilar las falencias del equipo y todas las preocupaciones e incertidumbres del hincha. Porque en contraposición a lo que podía presuponerse- que el Taladro le dé vuelta el partido cómodamente-, el Rojo hizo pie y hasta se pudo volver a poner en ventaja con un gol de penal. 3 a 2 y a sufrir; y encima con un jugador de menos por la expulsión de Fredes, que evidencia, a gusto de quien escribe, algunos errores en la dirección de Omar de Felipe y que vuelven a peligrar el desarrollo del partido. Un partido áspero, con un equipo que juega bien y desequilibra constantemente, y un mediocampo que raspa y que tiene jugadores amonestados. ¿No sería mejor sacar a algún picapiedra amonestado como Fredes por alguien que pueda tener la pelota como Insúa? Y pasó lo que pasó: raspó y lo echaron.

Por eso la ambigüedad. Por eso la incertidumbre. Porque ya estaba el tiempo de descuento y parecía que el Rojo se llevaba un triunfazo ante el puntero, y porque hasta incluso parecía ‘demasiado premio’, a pesar que se jugaba bien. Pero no. Otra vez los errores defensivos, otras vez los fantasmas y los miedos. 3 a 3 y hasta pudo haberse ido con las manos vacías de no ser por un palo salvador. Entonces es bastante complejo finalizar el fin de semana con un balance. El empate no es ni positivo ni negativo; es eso: un empate. Que reflejó una mejoría está claro, pero a su vez las carencias y limitaciones están a la vista del mundo: un equipo que podría pelotear y golear a Villa San Carlos en Avellaneda o podría perderlo de contra en menos de un parpadeo.

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