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El Regreso

Los jugadores del "Rojo" festejan el 1-0 parcial de Martín Zapata contra Huracán.

"La mejor táctica es crear un buen ambiente." - Gregorio Manzano.


Lágrimas contenidas que brotan y se confunden con un diluvio platense. Gritos y abrazos que se hicieron esperar durante todo un largo año y que por fin tienen su momento. El final del túnel está ahí, cerca, a escasos segundos. Se esbozan sonrisas. No son aquellas que aparecían en tiempos gloriosos donde “Bocha” levantaba copas pero al menos son de reconciliación con la historia.

El desahogo se hizo carne con el gol de Pizzini. A los 41 minutos del segundo tiempo estampó el 2 a 0 y con ello liquidó el pleito de desempate. En Parque Patricios el desconsuelo era enorme y ya no importaban las 13 fechas invicto que la abrieron esta posibilidad. Todo se les esfumó y el “Rojo” obtuvo el tercer ascenso desde la B Nacional a Primera División. Luego, de fondo, en segundo plano, se escucharía el silbatazo final del árbitro Ceballos, no obstante ya era un mero formalismo.

Si el torneo de la segunda categoría del fútbol argentino de por sí es duro, para Independiente lo fue mucho más. Demasiadas situaciones extradeportivas adversas fueron condicionando e influenciando el andar del equipo. La pelea de Cantero con la barra, los problemas institucionales internos, las deudas con los empleados del club, la política, la aparición de Moyano, la renuncia del presidente y muchas otras cuestiones de este calibre, lograron permear y perjudicar lo futbolístico.

En el verde césped le costó. La difícil situación económica imperante hizo que llegaran buenos refuerzos, aunque pocos eran los que a priori podrían darle un verdadero salto de calidad al equipo. Nunca logró hacerse fuerte en una divisional donde lejos de imponer sus pergaminos, se encontró con rivales dispuestos jornada a jornada a faltarle el respeto y ser tapa de diario.

La campaña inició con Miguel Ángel Brindisi como director técnico. Si bien había salido en la foto del descenso, no era el responsable directo de lo acontecido e incluso casi logra sacarlo de esa incomoda situación. Asumió el desafío en la B Nacional y no le fue bien. Duró tan sólo 4 partidos. Perdió 2 y empató 2. Una sumatoria de puntos demasiada escueta para las aspiraciones y expectativas del club, lo que terminaría por sentenciar su salida del banco de suplentes.

El operativo retorno que se pensaba como un sencillo trámite antes del inicio de la temporada, lejos estaba de ser de esta manera. La realidad era dura e implacable. Se tornó imperioso dar un giro para enderezar un barco que rápidamente se había cargado de desesperanza. Arribó Omar De Felippe con dicha misión y con él, los resultados. De 19 partidos, Independiente solamente perdió uno. Y en diciembre, en la fecha 21, con la victoria por 1 a 0 con gol de Vidal contra Patronato de Paraná en Entre Ríos, cerró el 2013 en puestos de ascensos.

El futuro próximo se avizoraba como promisorio. Un equipo en franca levantada, una pretemporada al mando del entrenador que los había hecho escalar peldaños en la tabla de posiciones y la llegada del “Pocho” Insúa como refuerzo de lujo, hacían entusiasmar a cualquier hincha y dirigente. Pero nuevamente el desarrollo del torneo le tenía guardado una sorpresa no muy grata al conjunto de Avellaneda. De los 12 partidos iniciales del 2014, consiguieron únicamente 2 triunfos. El equipo se desmoronaba. Banfield y Defensa y Justicia, luego campeón y sub-campeón respectivamente, se les alejaban cada vez más y abajo una larga lista de equipos le disputaban el codiciado tercer lugar de ascenso.

Un nuevo repunte y un buen cierre de torneo hicieron a la postre que el equipo nuevamente sacase la cabeza de abajo del agua. Tras la derrota como visitante ante Gimnasia de Jujuy en la fecha 36, obtuvo 13 de 15 puntos posibles y llegó a la última jornada con la oportunidad de depender de si mismo para subir. Es decir, ganándole como local a Patronato (que no jugaba por nada), el “Rey de Copas” volvía a su lugar de siempre. Pero otra vez se hizo presente una cuesta arriba bien empinada. Por un lado, en un estadio Libertadores de América colmado, no pudo pasar del empate 0 a 0. Por el otro, Huracán venció 1 a 0 a Almirante Brown en Isidro Casanova, lo que decretó que el “Diablo” y el “Globo” igualasen en 67 puntos debiendo dirimir el tercer asenso en un partido desempate en cancha neutral.

Fue el miércoles 11 de junio en el Estadio Único de La Plata, con una multitud de ambos equipos y en las vísperas de Brasil 2014, donde Independiente rompió su maleficio y retornó a Primera.

Sacando este cotejo “extra”, fueron 42 partidos de campeonato los que jugó para consumar el objetivo. Como se ha mencionado con anterioridad, sacó 67 unidades, producto 17 partidos ganados, 16 empatados y 9 perdidos. Anotó 49 goles y le convirtieron 37 tantos. El “Rolfi” Montenegro aportó 10 dianas y se erigió como el goleador del equipo. También fueron importantes en esta faceta Facundo Parra con 9 goles y Sebastián Penco, con 5, tres de ellos en las últimas cinco fechas. En lo defensivo, en una línea de cuatro que nunca se afianzó ni brindó seguridad y que constantemente estuvo sometida al cambio de nombres por bajo nivel, tuvo sin lugar a dudas a su máxima figura en el arquero Diego Rodríguez. Con tapadas e intervenciones claves en momentos culmines, el “1” será recordado en esta campaña casi como un héroe. Además, también sumó dos goles, ambos de penal.

Fue arduo el camino de Independiente hasta llegar a la meta. Una constante de vaivenes. En su recorrido vivió de todo. Se ilusionó, se decepcionó, se volvió a ilusionar, sufrió, luchó, tuvo ayuda de los árbitros, a veces lo perjudicaron, convivió con la suspicacia, de a ratos jugo bien, muchos pasajes lo hizo mal y llegó a un desempate con un enorme sin sabor en el paladar (negro) y con la sensación de que se le escapaba de las manos. Pero al final, y bien sobre el cierre, cuando las nubes andaban masticando el sol, Febo asomó y disipó la tormenta.

La empresa de ahora en adelante reside en no volver a cometer los mismos errores. En utilizar este gran trago amargo de haber jugado en la B y haberlo sorteado, como el trampolín y el puntapié inicial para la refundación de uno de los más grandes y más ganadores clubes del fútbol nacional e internacional.

Por @tomfonseca

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