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SUPERSANTO



Tras una temporada de alta intensidad en la B Nacional, el segundo ascenso a la Superliga por la vía del Reducido se lo llevó San Martín de Tucumán. 

Desde la previa del torneo, como candidato, y a lo largo del desarrollo del torneo, como animador y refrendando los pronósticos, el "Santo" siempre fue protagonista. Firmó una temporada en donde obtuvo 39 puntos en 24 partidos jugados (efectividad del 54%), producto de 9 triunfos, 12 empates y 3 derrotas, erigiéndose como el equipo menos perdedor de la categoría. Convirtió 29 goles y le hicieron 21. 

En el primer semestre, la campaña estuvo conducida por Diego Cagna y desde los comienzos de 2018, por Rubén Forestello. Ambos dirigieron 12 cotejos cada uno. Cagna ganó 3, empató 8 y perdió 1 (efectividad del 57%) y Forestello triunfó en 6, igualó 4 y cayó en 2 ocasiones (61% de efectividad). Al “Yagui” hay que sumarle el Reducido, donde hubo 5 encuentros, de los cuales ganó 2, empató en igual cantidad y perdió solamente en uno. 

De la tristeza al resurgir
San Martín llegó a la última fecha con chances matemáticas de ser campeón. El “Santo” jugó en Adrogué con la oreja pegada a la radio para saber lo que acontecía en Madryn con Almagro y en Mar del Plata con Aldosivi, los otros dos equipos involucrados en la pelea de arriba.
  
En la jornada final, donde gracias al empate del “Tricolor” de José Ingenieros, ganando se hubieran llevado el premio mayor, ser campeón y ascender, perdió con Brown de Adrogué y dejó pasar el tren.  Aldosivi le ganó al ya descendido Estudiantes de San Luis y se metió en una final desempate con Almagro, quedando San Martín fuera de la fiesta grande.

En el vestuario perdedor, con la calentura inundado el ambiente y el dolor a cuestas, cuando parecía que haber quedado en la puerta de la gloria haría mella en el equipo, que jugar el Reducido tenía gusto a poco, Forestello arengó y levantó a su grupo. Lo instó a creer e ilusionarse. A considerar la participación en el Octogonal no como un fracaso sino como una oportunidad a capitalizar. La gesta deportiva "Ciruja" se empezó a vislumbrar en aquel momento, sustentada por los argumentos deportivos presentados por el plantel a lo largo de todo el año.

Reducido: de la épica a la contundencia
En cuartos de final, a un solo partido, como local y con ventaja deportiva en caso de igualdad, el rival era el difícil Villa Dálmine. El trámite del encuentro se le hizo cuesta arriba desde el comienzo al fin a San Martín. Los de Campana no salieron a especular, el reglamento no se los permitía, y en 23 minutos ya ganaban 2-0 en Tucumán. El juego avanzó y los últimos 18 minutos fueron de infarto para propios y extraños. A los 72´descontó San Martín y a los 80´ lo empató. Pero vino el baldazo de agua fría faltando 5 minutos. Gol de Dálmine y el margen se tornó exiguo. No obstante, soñando y evocando esas proezas que el fútbol suele dar; con hombría, empuje y sufrimiento, a los 93´, con el área del “Viola” llena de jugadores, piernas, unos queriendo sacarla del estadio, de la ciudad, otros queriendo meterla con 40 mil almas como empuje, el “Santo” hizo el gol del empate. 3-3, delirio y clasificación a la siguiente fase.

Las semifinales, a dos partidos, fueron contra Agropecuario de Carlos Casares, equipo novato en la B Nacional, pero de presupuesto oneroso y jugadores de renombre y que venía de dejar en el camino a Almagro.  En Casares, el terruño de la soja, empataron 0-0. Y en el Jardín de la República, fue victoria clara y sólida 3-0 de San Martín y acceso a la gran instancia decisiva. 

El contrincante de la final era Sarmiento de Junín. Con el regreso del público visitante (más de 4000 hinchas albirrojos llegaron al Estadio Eva Perón), la ida se la llevó 1-0 Sarmiento. En Tucumán (con la presencia de 2000 hinchas verdolagas), la carga de arrancar la vuelta en desventaja se disipó rápidamente. En el amanecer del partido, en un vendaval de ímpetu y efectividad, al minuto de juego y a los tres minutos, San Martín ganaba 2-0 y le trasladaba la exigencia a los juninenses. Estos nunca pudieron reponerse del impacto, y menos cuando al iniciar el segundo tiempo les cayó el 3-0. De ahí a la culminación, fue todo “Ciruja”. Vinieron el cuarto y quinto gol, y sobre el final Sarmiento descontó y decoró el 5-1 definitivo. Aplastante y contundente victoria en la etapa más crucial y candente del año futbolístico. 

Hubo muchos puntos altos en los rendimientos de los jugadores, pero resaltaron el arquero Ignacio Arce, los defensores Lucas Acevedo, autor de dos tantos en la final, e Ismael Benegas (1 gol en el año), los volantes Matías García (3 goles), Juan Galeano (4 dianas) y Walter Busse (1 tanto) y los delanteros Gonzalo Rodríguez (5 anotaciones), Sergio González, que siendo recambio metió 4 tantos y Claudio Bieler, el ex Racing, Liga de Quito, entre otros grandes equipos, capitán y emblema, que hizo 16 goles (11 en la temporada regular y 5 en el Reducido).

La Ciudadela
Es menester hacer una mención especial al territorio inexpugnable que significó el estadio de San Martín y al pueblo santo. Con sus 32.000 localidades llenas en todos los partidos de local, fue un bastión fundamental a la hora de pensar en esta historia escrita en la B Nacional 2017/2018. En 12 partidos jugados en este reducto, ganó 5, empato 6 y perdió solo uno, con Atlético Rafaela en la fecha 7, que por aquel entonces venía encumbrado. En el Octogonal, en tres partidos no perdió y dejó en las retinas una epopeya y dos muestras de excelso fútbol. 

Luego de haber saboreado las mieles de la Primera División por última vez en la 2008/2009, haber retrocedido hasta el Federal A y tras dos años en la B Nacional, San Martín vuelve a la elite del fútbol argentino. 

Con Atlético ya siendo parte de la máxima categoría desde hace varios torneos, Tucumán, enclave futbolero y pasional si los hay, tendrá en la Superliga que iniciará luego del Mundial, su vibrante clásico provincial en Primera tras 37 años. Cautivante cruce que el ambiente entero del fútbol esperará expectante. 

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