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¿SIN PERFUME FRANCÉS?



Por Tomas Fonseca (@TomFonseca)
LA COLUMNA

Titubeos respecto del sistema a utilizar. Dilemas acerca de qué jugadores poner en la cancha y qué nombres propios ubicar en cada casillero. Vacilaciones de funcionamiento y hasta cuestionamientos en las relaciones interpersonales fueron las sensaciones que irrumpieron fuertemente en el “mundo River” tras la derrota del pasado domingo frente a Atlanta. La duda, ese estado de indecisión e incertidumbre, dijo presente.

 El cotejo frente al “Bohemio” dejó más que un mal resultado. Puso en evidencia una falla clave para entender el andar del “Millonario” en la B Nacional.

 La temática más desarrollada en la semana que pasó, consistió en determinar si Trezeguet, Domínguez y Cavenaghi debían jugar juntos en ofensiva o sólo dos de ellos y cuáles específicamente tenían que hacerlo. También se habló de la defensa. Se debatió sobre si la disposición más conveniente era emplear línea de tres en el fondo o de cuatro y si había que utilizar doble cinco o un solo volante de contención. Todos estos asuntos se insertan y apuntan a la cuestión del sistema táctico, quedando por fuera del análisis lo nodal del mal presente riverplantense: el funcionamiento.

 River es el emblema del “no” equipo. Es un cúmulo de individualidades muy buenas, si nos remitimos a los antecedentes, pero con mal presente. Los nombres propios no se entienden y las pequeñas sociedades, que el futbol tanto reclama, lejos están de aparecer. El análisis sobre la actualidad de River que se agota en el sistema, es reduccionista.

 Almeyda tiene en su cabeza una idea base: aquella que puso en cancha en gran parte de la primera mitad de la temporada: el 4-4-2. El andamiaje de este sistema consistía en laterales que se sumaban alternadamente al ataque. Un doble cinco siendo el primer pase del equipo y relevando a carrileros. Estos volantes externos siendo profundos y desordenándose ordenadamente y, adelante, Cavenaghi como delantero centro y Domínguez haciendo algunas veces de “wing” y otras veces de “enganche”. El técnico del hoy escolta de la B nacional sabe cuál es su sistema predilecto y el funcionamiento que pretende. Pero debió mutar. Los nombres propios de mucho peso y los rendimientos altos de los refuerzos veraniegos, Trezeguet y Ponzio, lo obligaron a proponer un concepto de juego del cual él no está convencido.

 El equipo no encuentra argumentos ni avales para desplegar todo su potencial y cimenta cada vez más su cosecha de puntos en la lucidez de sus estrellas. El “tridente” tuvo momentos de esplendor pero fue más bien por la calidad técnica individual de sus interpretes que por juego asociado. Los desempeños individuales son bajos, no hay construcción de una identidad de juego colectiva que supere a los particulares, los resultados no son los esperados y la duda irrumpe en escena haciéndose dueña de la situación.

 La delantera compuesta por Cavenaghi, Domínguez y Trezeguet, debe ser la primera opción siempre y cuando, por un lado los jugadores y el director técnico estén convencidos de jugar de esa manera y por el otro, si están dispuestos a poner sus capitales futbolísticos personales al servicio de la pequeña sociedad llamada delantera y de la gran sociedad conocida como equipo.

 Almeyda tiene el material. Su gran desafío en la recta final del certamen pasa por despejar las dudas propias y ajenas, elegir qué jugadores utilizar (y cuáles no) y retomar su propuesta original. Debe reencontrar el juego colectivo, aquel que siempre brinda los argumentos futbolísticos más sólidos y devolver a River al lugar que su historia le reclama.

Tomas Fonseca
Jugador de Colegiales
Estudiante de Comunicación Social UBA

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